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EL PACTO DE LETICIA
Por: Julio Roberto del Cairo - CINDAP, miembro de la PID Amazonía

Los incendios en grandes extensiones de la Amazonía, que han sucedido en los últimos meses, llevaron a los gobiernos de varios países de Suramérica a unirse en una causa que parece perdida: La defensa de la selva tropical más grande del mundo.
 
¿Y por qué parece perdida? Porque los intereses económicos existentes sobre sus suelos tienen un mayor valor (a corto plazo) que los intereses por salvaguardar la biodiversidad para el bien de la humanidad (a mediano y largo plazo). Es decir, en la actualidad nos preocupa más la generación de riqueza rápida (para unos pocos), que la perpetuación de los servicios ambientales que las selvas representan a nivel mundial y para todos los seres vivos, incluidos en ella. Es decir todos los preceptos escritos en las Constituciones de la gran mayoría de países, en especial aquellos que manifiestan que: El interés general estará por encima del Interés particular, son pura y física LETRA MUERTA. Los intereses que orientan el accionar gubernamental y privado sobre cualquier territorio de otros países y del nuestro, estará signado por los correspondientes, al plano económico y sus beneficios monetarios, pero nunca al plano social, en ninguna de sus facetas.
 
Estas reuniones que surgen en momentos de coyunturas difíciles para los gobiernos, impelidas por la presión interna y externa de la llamada OPINIÓN PÚBLICA, mueve a las altas esferas del poder a escenificar pactos y arreglos que acallen, en algo, las presiones del presente, con la esperanza de que en la medida en que vayan pasando los días, estas presiones se diluyan, reemplazadas, en la mayoría de los casos, por otras situaciones-problema que distraen a esa opinión pública.
 
En este marco se desarrolla la última reunión de los Gobiernos de la cuenca amazónica, llamada El Pacto de Leticia. Que recoge gran parte de los planteamientos formulados en el TCA (Tratado de Cooperación Amazónica -1978) hace ya 41 años, que a pesar de sus esfuerzos no ha logrado impactar de manera contundente en la zona, para el logro de sus objetivos; a pesar de haber iniciado y desarrollado algunos ejercicios trasnacionales, pero que ante la magnitud de su área total de intervención parecen pequeños proyectos locales, más aún, estando marcados de antemano por la paquidermia de la burocracia nacional e internacional. La baja magnitud de los recursos destinados a su implementación y la interminable sucesión de reuniones técnicas, administrativas y logísticas necesarias para darle inicio y desarrollo a sus proyectos, elementos que seguramente seguirán siendo vigentes e incidentes para el nuevo ejercicio.
 
Sólo de manera informativa, nos detendremos en el  caso Colombia-Perú, en el marco del TCA y que, en el siguiente párrafo, sirve de ejemplo de lo ya expuesto, dice: “En marzo de 1979, se suscribió el Tratado de Cooperación Amazónica Colombo - Peruano, que en su artículo I establece: Otorgar máxima prioridad y dinamismo a una política de cooperación amazónica orientada hacia el establecimiento de las formas y mecanismos que mejor se adecúen a las singulares necesidades que plantea el desarrollo integral de sus respectivos territorios amazónicos, asegurando así la plena incorporación de ellos a sus economías nacionales”. El 26 de agosto de 1987 los cancilleres de ambos países suscribieron un Comunicado Conjunto, mediante el cual adoptaron un programa de acción que se centra en el tema de la cooperación amazónica. El primer paso consistió en la convocatoria de la Comisión Mixta de Cooperación Amazónica en la que encomendaron la preparación del Plan para el Desarrollo Integral de la Cuenca del Río Putumayo[1]
 
Entre la firma del TCA (1978) y la firma del tratado Binacional (1979) pasó un año. Y entre esta fecha y la aprobación definitiva de un plan a ejecutar entre los dos países (1997), fueron 18 años y doce reuniones técnicas para definirlo. En 1998 se inicia su ejecución y en el año 2008 se hace un seguimiento por las Contralorías de los dos países y en sus conclusiones se expresa lo siguiente: “La importancia que en este contexto tiene el establecimiento de proyectos de coordinación y ejecución binacional es excepcional. El Plan de Desarrollo Integral de la Cuenca del Río Putumayo - PPCP, con vigencia desde 1998 en ambos países, ha sido una oportunidad de sortear los problemas que aquejan a estas zonas alejadas de los centros de la actividad económica de ambos países. Sin embargo, el escaso avance de los proyectos del plan, que muestra que dos de los nueve proyectos binacionales apenas han alcanzado iniciar su etapa de preinversión, motiva la preocupación por los mecanismos utilizados para su implementación y seguimiento.”[2] Es decir que 30 años después, aún no se han obtenido resultados concretos sobre un programa pionero para la defensa del territorio amazónico, del cual puedan devenir enseñanzas y lecciones aprendidas que puedan ser aplicadas en otras regiones del territorio.
 
Según los datos históricos de la deforestación amazónica, esta ha seguido creciendo de manera progresiva y con los embates del fuego en este año (2019), las cifras ascienden de manera notable, aún a pesar de estar en funcionamiento el TCA, que por las razones expuestas anteriormente aún no ha logrado cristalizar una labor de amplio impacto sobre estos territorios.
 
A pesar de todas estas consideraciones, se suscribe un nuevo PACTO y se quiere con ello y con el concurso de todos los países de la cuenca amazónica (con excepción de Venezuela, que no fue invitado al evento), detener la acelerada carrera de la deforestación, cuando, al parecer, no existe una verdadera voluntad política para cumplir con los acuerdos establecidos. Ya se planteaba la posición de Brasil, que a pesar de haber firmado el pacto a través de su ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Fraga Araújo, dejaba claro “(...) que el presidente Jair Bolsonaro, en su intervención en video, ratificará sus políticas sobre la Amazonía, las cuales muchos asumen como la principal causa de los incendios forestales”.[3]
 
Este simple hecho nos demuestra la verdadera “voluntad política” que mueve a los dirigentes para efectuar cambios radicales en sus perspectivas de actuación sobre el territorio amazónico.
 
Todos estos países que participaron en el Pacto tienen sus propios problemas, entre los cuales no se encuentra en los primeros lugares de importancia el futuro de la Amazonía, mientras esta siga sirviendo a los intereses de reubicación poblacional al interior de sus propios territorios y al desarrollo de economías (lícitas o ilícitas), que garanticen la permanencia de la misma en los extramuros del país y no se sumen en masa al resto de la problemática nacional.
 
Queda la duda de si todo este actuar gubernamental tiene un interés real en resarcir el daño que se le está haciendo a la región amazónica o es simplemente una jugada publicitaria motivada por los grandes incendios actuales de la Amazonía y la celebración de la reunión de las Naciones Unidas  en Septiembre,  para tratar, entre otras, las temática del cambio climáticoEs la alteración global del clima debido a acciones de tipo antrópico que se reflejan en cambios, normalmente extremos, de patrones de lluvias o épocas de sequía.  El cambio climático puede implicar tanto en aumentos como dismunición de la temperatura en algunas zonas de La Tierra que afectan la biodiversidad, el recurso hídrico y las comunidades más vulnerables a estos cambios.  y el desarrollo sostenible, con lo que nuestro país saldría como uno de los líderes en las acciones para la protección del planeta, con réditos abonables a la imagen del Presidente Duque.
 
Creo que este actuar significa el entierro de tercera de la OTCA y la pérdida de un acervo de conocimiento de más de 40 años sobre algunos territorios amazónicos, a pesar de que en el Pacto de Leticia hacen un llamado, entre otras cosas: “(...) a otros Estados interesados, a la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) y demás organizaciones regionales e internacionales a cooperar para la consecución de las acciones aquí acordadas…”[4]
 
Hay que considerar que los países financiadores del OTCA son los mismos que han firmado el Pacto de Leticia y que creo que el futuro de este organismo no es el más halagüeño, teniendo en cuenta la afirmación del Presidente Duque: “Quiero también destacar que hay una institucionalidad que debemos modernizar y me refiero puntualmente al Tratado de Cooperación Amazónica y particularmente a la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica para que, de la mano con otros instrumentos multilaterales, pueda servirnos como herramienta para atender las necesidades de la región y al mismo tiempo volcarse a fortalecer los indicadores, las metas y el trabajo que debemos abordar ”, aunque el Presidente Vizcarra decía:  “Han pasado más de 40 años y si vemos los resultados no son satisfactorios, debemos cambiar la estrategia”[5]
 
Cualquier modificación, reorientación, cambio institucional o reforzamiento de la existente, debe pasar, necesariamente, por el obligatorio cumplimiento de los países signatarios, de las agendas que se establezcan para el reordenamiento de sus funciones y objetivos; el aporte económico necesario para su funcionamiento,  operación y desarrollo, incluida la gestión de recursos internacionales; la creación de una instancia consultiva interdisciplinar que avale y supervise todas las acciones a emprender que se definan en sus Planes de Acción; y la concurrencia de personal técnico, con amplio conocimiento de la Amazonía, en los respectivos campos del conocimiento requerido para tener un impacto rápido, replicable y eficaz para detener la deforestación del territorio. Indefectible en esta reconstrucción, es la rapidez de los mecanismos de toma de decisiones financieras, técnicas y políticas, para darle la agilidad y efectividad que las condiciones actuales imponen en el análisis, aplicación y replicación de las alternativas productivas sostenibles que se vayan definiendo.
 
Seguramente esta modificación o ajuste sea mucho más onerosa económicamente que la anterior, pero en el punto en que nos encontramos, muy cerca, demasiado cerca de la irreversibilidad del daño, bien vale la pena hacer el esfuerzo para que las muchas ideas existentes se evalúen o se validen y se puedan concretar a través de su aplicación directa en muchas zonas a la vez y empezar a lograr los resultados necesarios para salir de este remolino deforestador en el que nos encontramos y que nos está llevando a una debacle que nos pesará a todos.
 
 

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2019-10-09